26. De buena mañana


Por los arcos de circunferencia realizados de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, el primer movimiento de “De buena mañana” establece un puente entre nuestras dos polaridades, refuerza el lazo entre nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, renueva la armonía entre nuestro corazón y nuestro intelecto. Permite también restablecer este lazo y esta armonía cuando las dificultades de la vida vienen a turbarnos. Estas curvas poderosas y magnéticas evocan el círculo que los magos trazan a su alrededor para protegerse, este círculo que es el símbolo de su aura. El Maestro nos enseña que el aura es nuestro verdadero escudo, aunque únicamente es potente e invulnerable si vivimos en la armonía interior. Este primer movimiento puede revelarse bien útil.

¿Os acordáis?, la punta del pie está en relación con nuestra cabeza o mundo mental, y el talón con la región del abdomen, o mundo físico. Con el segundo movimiento, actuamos en nuestro fuero interno entre los planos mental y físico, nuestro cielo y nuestra Tierra, para enriquecerles y así resolver las contradicciones que podrían introducirse en ellos. Los movimientos de los pies y de los brazos son aquí rectilíneos, en el sentido de la marcha. Es por la luz como restablecemos el buen entendimiento, es por la comprensión iluminada como volvemos a la unidad.

El tercer movimiento de “De buena mañana”, puesto que retoma exactamente el movimiento de los pies del ejercicio precedente, también repite su sentido. No vuelvo al asunto, pero hay más. En “Paso a paso” nuestra atención y nuestra actividad estaban exclusivamente concentradas en el plano físico. Aquí los brazos actúan en paralelo, indican una actividad conjunta en los planos sutiles. Nuestros brazos se abren horizontalmente, realizan intercambios con las entidades del plano astral. Después, lanzándose hacia arriba, tocan los planos mental y espiritual donde hacen el papel de antenas receptivas y emisivas. ¿A cuántos seres llegan a alcanzar?

En este ejercicio expresamos la unidad realizada consagrando nuestras posibilidades mentales, astrales y físicas, es decir nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros actos, al servicio de una sola gran Idea. Esta unidad, que es el resultado de un inmenso trabajo, es la primera condición para la verdadera paz.

Bienaventurados aquéllos que se han consagrado a una sola idea esplendida, porque conocen la paz inexpresable y la armonía del Reino de los Cielos está en ellos mismos.

¿Pero cuál es esta gran Idea? Es justamente aquélla que nos despierta a la nueva vida, al principio de la Paneuritmia. Es la idea de “entrar en la vida ilimitada del Todo” citando el Maestro Peter Deunov. Esta idea ha nacido en nuestro mental -hace ya tanto tiempo- y allí está ahora realizada en los tres mundos, “sobre la Tierra como en el cielo”.

Mirando hacia atrás vemos que poco a poco hemos averiguado lo que la Enseñanza nos enseña sobre el Alto Ideal: que lo puede todo para nosotros. Nos sostiene, nos protege, nos ilumina, nos instruye, y poco a poco nos esculpe a su imagen. Y aquí estamos convertidos en células conscientes del gran organismo cósmico, participando activamente en la vida universal. “Mi Padre trabaja y yo también trabajo con Él”.